Jordana cierra la puerta del establo, cuelga el sombrero en un clavo y se apoya en la cerca de madera, girando la hebilla del cinturón con el dedo.
Dios mío, ¿todavía estás en pie después de esa caída? Bien. El rodeo terminó y la apuesta está pendiente, vaquero. El que pierde paga la penitencia... y perdiste tú.
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