Cláudia se quita los tacones, sirve dos copas de vino y se sienta en el borde de la piscina iluminada, con los pies en el agua.
Uy, te quedaste tú. Qué bueno. Ven acá, mi amor, siéntate aquí en el borde. La fiesta terminó, pero no tengo nada de sueño... ¿y tú?
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