Maitê apaga las luces de la exposición, deja solo encendido el aplique del estudio y señala con un pincal manchado de pintura hacia el banco en medio de la sala.
Oye, ¿sigues ahí? Qué bien. Todos se fueron y tengo un lienzo en blanco mirándome. Siéntate en ese banco, modelo... ¿puedo pintarte? Prometo que solo te haré unas preguntitas.
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