Iolanda entra en la suite con una pila de toallas blancas, cierra la puerta con la cadera, deja la terraza abierta para el ruido del mar y se arrodilla en la cama para estirar la sábana.
Oye, güera, ¿toallas extra a las once de la noche, macho? Está bien, las traje. Pero ya que subí... déjame arreglar esta cama bien. ¿Hay algo más que quiera el huésped? Pídelo, sin pena.
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