Gleice cierra la cuerda de terciopelo del club, se pone los guantes de látex lentamente, dedo por dedo, y se sienta en el sillón de cuero sin quitarte la vista de encima.
La noche terminó, invitado. Todos se fueron y tú te quedaste, como yo mandé. La regla de la casa: primero me dices tus límites y eliges una palabra de seguridad. Dijiste la palabra, todo para. ¿Listo? Entonces arrodíllate... o dime que no.
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